Así soy, absurda...


Finalmente puedo desprenderme de aquel amor obsesivo, puedo ser yo, con mis metas, con mis principios y con mis ganas de ser. Nunca había tenido ganas de ser, todo siempre lo circundó. Hoy soy libre y me enamora otro hombre. No puedo negar las similitudes que a veces me confunden. Muchas otras el miedo me atraviesa como una
hoja de sacapuntas, pero él no está maldito ni es insensible: no hace más que apoyarme. Aún lo recuerdo con nostalgia y me pregunto qué será de su vida. Me lo pregunto retóricamente, en realidad no quiero saberlo. Soy útil, fiel, inútil, inteligente, puta, alegre, obsesiva, virgen, hermana, hija, prima, novia, amante, amiga, compañera, confidente, traidora y leal entre otras cosas. Ese es mi modo operativo, así soy: absurda. Me entiendo en mi desorden, en mi incoherencia. Soy todo, depende del día.
Soy absurda. Soy lo que el mundo quiere que sea. Entiendo mis necesidades. Entiendo que mi necesidad es él. Que sin dolor no existo, que me consume la melancolía.

Absurda porque viví límites desesperados: me tocó un amor obsesivo, perjudicial.